“El Poder de Elegir Que Nos Han Robado”

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Por Giselle  Pichardo:

Las mujeres tenemos el poder de decidir sobre nuestras vidas. Desde pequeña vengo escuchando una y otra vez esta “verdad a medias”, y no pudiera culpar a mis padres, porque siendo justa, ese engaño posiblemente ha pasado de generación a generación, como si al final se tratara de una herencia familiar, cuando la pregunta debería realmente ser ¿Tenemos las mujeres el derecho de elegir?

Pregúntele a Tahani, una niña de 8 años de Yemen que fue arrastrada a casarse con Majed, cuando ella tenía apenas 6 años y él, 25. Y yo me pregunto, ¿A dónde quedo entonces su derecho de decidir que no quería ser tratada como mercancía y arrastrada hacia un matrimonio que nunca quiso ni eligió? ¿En qué momento se violo sin su consentimiento la dulce etapa de ser niña? Y que conste, que esto no solo ocurre en estos países, los matrimonios infantiles  es una realidad que se extiende por otras culturas y otras regiones.

Hace días precisamente estaba en casa de una amiga, y entre una conversación y otra, una de las invitadas que vive su pareja compartió con nosotras que no quería tener hijos. Discutimos respetuosa y abiertamente que se trataba de una decisión personal, y que es un instinto que no necesariamente sentimos todas. Me dio curiosidad imaginarme que pasaría de abrir un tema como este a la sociedad.

 

¿Cuantos no la juzgarían? ¿Cuántos entenderían que tener  hijos es una decisión para toda la vida y que requiere mucho más que un simple deseo? ¿Qué pasaría si en realidad tú como mujer no quieres, pero tus padres y familiares quieren que tengas un bebé porque es lo que sigue, porque es lo que exige la sociedad hoy en día? ¿Qué pasaría si como mujer no te sientes preparada para dar ese paso porque quieres seguir estudiando o sencillamente quieres viajar y conocer el mundo? ¿Cuántas de nosotras tenemos realmente la oportunidad de elegir? Elegir si casarme o no, si estudiar o emprender, si quedarme en casa con mis hijos o trabajar. El derecho de DECIDIR no siempre se nos ha otorgado, siento más bien que so nos ha impuesto a través de todos estos años, y que tal vez ha sido esta presión el incentivo para el inicio de la revolución femenina que tanto se habla.

Siento pena y vergüenza, lo admito, porque me apena ser testigo de que en pleno siglo XXI  a las mujeres se nos cuestiona y se nos llega a juzgar por tener pensamientos propios, ya sea por razones familiares, culturales, políticas o económicas. Hoy me voy a la cama con la misma pregunta que espero muchas de ustedes se estén haciendo: ¿Hasta cuándo?

Buenas noches.

 

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