Meaztegi, la casa de Rahm que sueña con ser “un nuevo Guggenheim” con la Ryder

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Ramón Orosa

Bilbao, 10 nov (EFE).- El del Meaztegi Golf Club, un campo a media hora de donde nació Jon Rahm y diseñado por Severiano Ballesteros, sueña con ser “un nuevo (Museo) Guggenheim” para Bilbao y Bizkaia si finalmente acoge la Ryder Cup de 2031, decisión todavía lejana y a expensas de una determinación previa del PGA de Catalunya.

“Es posible y conseguible”, consideró en una entrevista con EFE Carlos Roca, el gerente de Meaztegi, quien comparó la Ryder con el museo que es un tremendo tractor económico para Bilbao desde su inauguración en 1997 ante la dimensión en lo económico y en lo social de uno de los eventos deportivos más mediáticos del planeta.

Una competición en la que está teniendo un protagonismo preeminente en las últimas ediciones el vizcaíno Jon Rahm, exnúmero 1 del ránking mundial y actual número 3, a quien se le abriría la oportunidad de jugar en casa un torneo al que adora.

Roca se ilusiona ante la posibilidad de organizar la edición de 2031 del tradicional enfrentamiento golfístico bianual entre Europa y Estados Unidos, si bien tiene claro que eso solo podría plasmarse en un futuro y, para empezar, si finalmente el PGA de Catalunya decide no albergar el evento.

“Los campos de la Ryder se vuelven campos icónicos y todos los golfistas quieren jugar en ellos. ¿Por qué Valderrama es Valderrama? Porque allí se jugó la Ryder. A los americanos les pides que te digan un campo en España y te dicen Valderrama porque allí se jugó la Ryder”, explicó.

Roca es consciente de la dimensión de la Ryder Cup y lo que supondría albergarla en Meaztegi, el campo que acoge el “Seve & Jon golf for kids”, la iniciativa con la que Jon Rahm y los hijos de Severiano Ballesteros buscan promocionar el golf entre los más pequeños.

La presencia del genio de Barrika, localidad a 34 kilómetros de Meaztegi, sería otro de los impactos poderosos del torneo. “¿Imagínate lo que le gustaría a Jon jugar una evento así en su tierra, en su casa?”, comentó un Roca que asume que Meaztegi “no cumple” aún las exigencias de una Ryder pero “puede cumplir” en el futuro sin problemas.

“Otros campos no pueden cumplir porque hay un desarrollo urbanístico alrededor o un pueblo al lado”, comentó, seguro de que habría que “rediseñar” algunos hoyos y ampliar la infraestructura alrededor en terrenos que no son del campo. Unos terrenos, unas 40 hectáreas, “que no se tienen porqué adquirir, sino simplemente usar”, subrayó.

“Sí habría que rediseñar los hoyos en los que se supone que habrá más espectáculo” para acoger a los “300.000 espectadores que mueve una Ryder”. “Unos 300.000 que podrían ser los 50.000 que van cada uno los seis días del torneo”, apuntó.

En ese sentido, Roca cree que, en lo económico, una Ryder Cup en Bizkaia sería “como un nuevo Guggenheim” por su dimensión e impacto.

“He oído un impacto de 1.300 millones de euros y también de 350, pero eso depende de si es a corto o largo plazo. Pero lo que sí te puedo decir es que en París -en la edición de 2018- solo en semana que duró el evento el impacto fue de 325 millones, 100 más que en la edición anterior”, que fue en Escocia.

En la edición de este 2023, en Roma, se ha publicado un impacto económico de 1.500 millones de euros.

“Se necesitan unas 15.000 camas y Bilbao tiene 10.000, pero el impacto no se quedaría en Bizkaia, Gipuzkoa y Álava, sino que llegaría también a los territorios de alrededor”, continuó el gerente de Meaztegi.

Roca explicó también que la Ryder no cobra “un cánon” concreto para la elección de la sede, sino que “exige una inversión antes, durante y después” del torneo.

“No sé lo que pide, pero sí sé como han funcionado en otras ediciones, que es que se le pide al país o a la región sede que durante ‘X’ tiempo, antes, durante y después, se hagan inversiones en el deporte. Unas inversiones no solo para hacer el torneo, sino para que impacte tanto económica como socialmente en la zona durante un tiempo”, explicó.

“Quiere que impacte”, incidió, considerando que un evento así sería “un antes y un después” tanto en lo deportivo, ya que “haría que el golf fuera popular”, como en lo económico, porque sería como “un nuevo Guggenheim”. El sueño de Meaztegi.

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