Artista mexicana retrata vida de migrantes en EEUU a través de quinceañeras

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Tijuana (México), 15 ago (EFE).- Los migrantes mexicanos en Estados Unidos usan las fiestas de las quinceañeras para reforzar sus lazos comunitarios, según la premisa de la artista Angélica Escoto, de la fronteriza Tijuana, quien durante casi 10 años fotografió fiestas de quince años y ahora presenta la exposición “Ellas no bailan solas”.
El Centro Cultural Tijuana (Cecut), ubicado a un par de kilómetros del puerto fronterizo de San Ysidro, es el recinto en donde está la exposición, que consta de 57 fotografías que recrean y dan vida a estas fiestas, tradicionales en México y Latinoamérica para celebrar a las jóvenes que cumplen 15 años.
Escoto expuso este lunes a Efe que “Ellas no bailan solas” es una serie fotográfica documental “sobre las hijas de los migrantes que cruzaron por el cañón Zapata y por ‘el bordo’ en los años ochenta y que se quedaron a vivir en San Diego”.
De acuerdo con un estudio de El Colegio de la Frontera Norte (Colef), el cañón Zapata era una zona fronteriza de Tijuana por donde los migrantes cruzaban diariamente durante los años ochenta.
La artista relata que en 2006 puso un anuncio en el periódico “El Latino” de San Diego para ofrecer servicios de video y foto, con lo que comenzó a trabajar con estas comunidades.
“Era mi negocio, pero ahí comencé a ir a las fiestas. Me hablan y me di cuenta de que las personas que más me solicitaban eran migrantes de Guerrero, Oaxaca y Michoacán”, dijo.
Después de tres años de que Escoto estuvo inmersa solamente en ese negocio, un colega fotógrafo le sugirió que el trabajo le podía servir para una edición sobre cómo ella veía esta tradición, y así fue juntando sus fotos hasta completar el proyecto.
SENTIDO DE COMUNIDAD
La exhibición adquiere relevancia ante el flujo migratorio récord hacia Estados Unidos, cuya Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, en inglés) ha detectado a más de 1,7 millones de indocumentados en lo que va del año fiscal 2022, que inició en octubre pasado.
La colección documental lleva por título “Ellas no bailan solas” porque Angélica considera que estas tradicionales fiestas, más allá del contexto de género que llevan implícito, son “en realidad un acto de amor, y este es un documental y es un registro de ello”.
Al trabajar con esta comunidad, se percató de cómo las familias cooperaban para hacer una fiesta de 15.000 dólares.
“Lo cual no es fácil, porque las mamás de las niñas trabajan limpiando casas, en un McDonald’s, en restaurantes, y los papás en jardinería o la construcción, pero son tantos y es tanta la comunidad que, entre la vecina, el primo y el hermano todos colaboran”, enunció.
Lo más importante, dijo la artista, es que para los migrantes “es un pretexto para estar juntos, para verse, para bailar, porque el baile es como ese ‘performance’ donde uno se libera y dejas de preocuparte y de pensar que estas en otro país”.
“En el momento que llegas a una fiesta solo piensas en poder pasártela bien, las quinceañeras son pretexto para eso, para volver a sentir que hay colaboración y que es una comunidad que no está en su país, pero se dan apoyo mutuo y se solidarizan ante las adversidades”, recalcó.
EVENTOS SOCIALES, TODO UN RETO
Escoto recordó que durante el periodo que trabajó la fotografía de eventos sociales fue muy difícil por los horarios y la dinámica de cruzar la frontera casi a diario.
“Son eventos que no se vuelven a repetir y había que estar bien atento a todo”, mencionó.
Por ello es que ahora respeta mucho más esa labor del fotógrafo de sociales, que ha sido estigmatizado porque no se considera como un trabajo artístico o documental.
“Es muy difícil hacer foto de sociales porque depende mucho del gusto de quien contrata, los fotógrafos de eventos son unas personas muy respetables porque trabajan mucho, han sido menospreciados por hacer foto de fiesta, pero es una labor muy difícil en la que para tener siempre trabajo, hay que hacerlo muy bien”, puntualizó.
La obra “Ellas no bailan solas” se exhibirá durante seis meses en una de las salas del Centro Cultural Tijuana (Cecut) y posteriormente en el Museo Manuel Álvarez Bravo en Oaxaca.

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