La bebida ancestral que campesinos mexicanos reivindican ante la pandemia

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Una mujer sirve la bebida ancestral llamada taberna el 21 de marzo de 2020, en la localidad de Miraflores en el estado de Chiapas (México). EFE/ Carlos López

Villaflores (México), 29 mar (EFE News).- En plena pandemia de la COVID-19, campesinos del estado mexicano de Chiapas reivindican la taberna, una bebida ancestral que toman como agua casi a diario y aseguran que, en tiempos de epidemias, fue la salvación de muchos.
“Todo lo cura. Es más, para aquella persona que sufre de la próstata la raíz hervida le borra (el dolor). Contiene bicarbonato, sodio, naproxeno y a saber qué otras propiedades más tiene”, dijo este domingo a Efe Silvestre Cruz Moreno, quien lleva más de 50 años fabricando esta bebida.
Más allá de las creencias, esta bebida se cocina desde tiempos inmemoriales y los pobladores hoy recuerdan las enseñanzas de sus ancestros y aún las practican al pie de la letra.
Es el caso de la familia de Janet Hernández, quien cada año trata de conseguir esta bebida para compartir con la familia.
“La taberna es una bebida ancestral que hace muchos años nuestros abuelos, tatarabuelos la han venido usando, tiene muchos beneficios curativos”, señaló Hernández.
Con 848 casos y 16 fallecidos reportados oficialmente, la pandemia de COVID-19 se ha extendido esta última semana con más fuerza por todo el territorio mexicano.
Es por ello que Hernández rememora los supuestos superpoderes de esta bebida cuando se le cuestiona sobre el coronavirus.
“Se usó (la bebida) durante la peste de la tos ferina y la cólera. Fue benéfica y ahora que viene la COVID-19 creo que sí, también nos va ayudar a curarnos o a prevenir”, apuntó.
Según el documento “Epidemias en México”, publicado por la Coordinación Nacional de Protección Civil en 2018, en México se han registrado decenas de epidemias desde la época prehispánica.
Entre las más recientes, en 1833 un brote de cólera mató 324.000 personas en todo el país y en 1918 la influenza española acabó con más de 500.000 vidas.
Además, en 2009 surgió la influenza AH1N1, que fue declarada pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y dejó más de 16.000 muertos.
UN TRABAJOSO PROCESO
Cada primavera los taberneros de los municipios de Villaflores, Cintalapa, y Chicomuselo caminan más de tres kilómetros, si bien les va, bajo un intenso sol.
Buscan un árbol conocido como palo de coyol, cuyo nombre científico es Acrocomia vinifera y se caracteriza por sus miles de espinas grandes y delgadas que llegan a medir hasta veinte centímetros.
Los taberneros cortan los árboles adultos, de unos 15 años, para realizar la extracción del líquido. Pocos lo tienen en caso por su lento crecimiento.
Este proceso es complejo y consiste en derribar el árbol de coyol y quemarlo. A continuación, limpiarlo de hojas y espinas.
“Cuando se tumba el árbol, se labra bien, se le abre y él solito empieza a destilar y hay que estarlo raspando con un machete a diario para que esté dando. Sino se raspa a diario no da (jugo)”, apuntó a Efe Rutilo Moguel, joven tabernero de Cintalapa.
Un palo de coyol produce al día alrededor de 2 a 3 litros de taberna durante aproximadamente un mes, así también los productos de esta palmera son aprovechados desde sus semillas que las hacen en dulce o harina, la flor de intenso aroma es utilizada de ornato para altares religiosos y el tronco va de vuelta a la tierra.
PARA GOLOSOS
El néctar de este árbol se caracteriza por ser dulce y de consistencia espesa.
Por sus efectos y sabor, es muy solicitado por los habitantes locales y por familias que viajan de otros municipios para degustar de esta bebida refrescante.
Su precio está en los 25 pesos (cerca de 1,1 dólares) el litro, y la preparación final es muy fácil.
“Si lo quiere uno beber en agua de refresco, con agua fría, se mezcla un litro de agua con medio litro de taberna y de azúcar. Sabe bien rico, así se prepara para beber en refresco y para beberlo así puro se le agrega solo un poco de azúcar y hielo”, explica Rutilo.
Recomiendan que antes de beber el delicioso néctar se debe de cantar un verso, o de lo contrario, puede haber consecuencias negativas.
“Aguas de las verdes matas, tú me agobias, tú me matas, pero si alardeo, me haces andar a gatas”, dice la popular estrofa.

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