A donde tus ojos te lleven

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Jorge Ramos.

Tus ojos son unos dictadores. ​
​Lo más probable es que estés leyendo esto en tu teléfono, en una tableta, en tu laptop o computadora.

Y es muy posible que, en lugar de leer esta columna en un periódico de papel, la estés viendo en alguna red social (Twitter, Facebook, Instagram o alguna otra). Lo que está pasando en los últimos años es una migración de ojos del papel a las pantallas y de la televisión a los celulares; es decir, de las pantallas grandes a las más pequeñas.

​Nadie espera las noticias; al contrario, nos bombardean informativamente cada vez que acercamos la cara el teléfono. Pocos hacen una cita diaria con un periodista en particular para saber qué pasó durante el día. Ya no tenemos que recoger el periódico en las mañanas para enterarnos de las últimas noticias ni esperar el noticiero en la noche para ver qué dijo el presidente. Eso es de dinosaurios mediáticos.

​El futuro ya llegó: la circulación de los diarios en Estados Unidos cayó a sus niveles más bajos desde 1940; en solo un año (del 2017 al 2018) bajó en 8 por ciento la lectura de periódicos, según un estudio del Pew Research Center (https://pewrsr.ch/2y8aipf ). Y la tele sigue en problemas: disminuyó en 14 por ciento la audiencia de las noticias locales en la noche y en 4 por ciento los programas en la mañana de las cadenas a nivel nacional. Para los ejecutivos de los medios tradicionales de comunicación esto es un desastre; es como si la audiencia, que fue tan fiel durante décadas, de pronto se esfumara.

​¿Y a dónde se están yendo esos ojos? A tu celular.

​Casi la mitad (49%) de toda la publicidad en Estados Unidos el año pasado se fue a plataformas digitales. Todos los medios de comunicación hoy en día, incluso los más tradicionales, tienen su versión digital. Pero los nuevos ingresos en el área digital, según Pew, no han servido para reemplazar los que perdieron los periódicos y la televisión. Ni son suficientes, tampoco, para pagar a los pequeños ejércitos que se necesitan para mantener una operación de noticias de 24 horas al día.

​El dilema es este: para sobrevivir en el periodismo del siglo XXI hay que hacer una rápida transición a operaciones digitales y a una creciente presencia en las redes sociales. Igual en Estados Unidos que América Latina. Pero la mayoría de los ingresos en el área digital suele irse a grandes empresas y no llega a los sitios nuevos o más pequeños. Aún no hemos descubierto cómo comercializar al máximo esas miles o millones de vistas de nuestros videos y artículos periodísticos. Y eso provoca muchos despidos.

​Pero tú, como consumidor del noticias, estás bien. Todos queremos tus ojos. Tienes cada vez más alternativas noticiosas y puedes acceder con un clic a los periodistas más creíbles y respetados. En la época de huracanes, por ejemplo, confío en un par de meteorólogos de Miami para que me digan si tengo que evacuar mi casa o me puedo quedar viendo una serie. El mejor antídoto contra el fake news es la credibilidad. Tarde o temprano uno deja de ver y leer a la gente que inventa cosas, que no hace su tarea o que se equivoca y no corrige.

​No exagero al decir que el periodismo tradicional está en crisis. Estamos en la mitad de la tormenta. Y la solución está a donde tus ojos te lleven.

Posdata triste. Han asesinado a otro periodista en México. Ya van 8 desde que tomó posesión el presidente López Obrador, según la organización Articulo 19. Esta semana encontraron el cuerpo de Rogelio Barragán, golpeado y dentro de la cajuela de un auto. El era el director del portal digital Guerrero al Instante.

En su página de Facebook (https://bit.ly/2KcTa8V) el sitio que se especializa en noticias estatales añadió una cruz negra, en señal de luto, y dice: “Desde este espacio exigimos justicia y que este crimen no quede impune…y reiteramos nuestro compromiso con la libertad de expresión y el libre ejercicio periodísticos en tiempos aciagos contra los derechos humanos.” Fuera de zonas de guerra, México es uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. ¿Acaso es mucho pedir/exigir que no maten a más compañeros periodistas?

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