La discográfica de Shin Miyata abre la puerta a la música chicana en Japón

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Tokio, 11 mar (EFE).- A través de la compañía discográfica que fundó hace 20 años, Shin Miyata trabaja para introducir la música méxico-estadounidense al mercado japonés y demostrar que el interés nipón por la cultura chicana va más allá de la estética y los “lowriders”.
“Mi trabajo, mi responsabilidad, es explicar a los japoneses sobre la diversidad de la cultura chicana”, cuenta a Efe Miyata desde Barrio Gold Records, donde trabaja rodeado de miles de títulos traídos directamente de los barrios del este de Los Ángeles.
A través de su compañía, este japonés ha lanzado al mercado más de 200 discos, desde nuevos títulos hasta reediciones de clásicos, y ha organizado conciertos para algunos de los nombres más conocidos del panorama artístico chicano.
Tras estudiar español en la universidad, Miyata viajó a California por primera vez en 1984, donde se enamoró de los barrios chicanos, sus comunidades bilingües y, sobre todo, su música.
Su interés por la cultura chicana no es excepcional. A finales de los 80, la edición de la revista Lowrider en Japón y la distribución de películas donde se retrataba esta subcultura generó gran interés entre los nipones.
Este experto en sonidos latinos, que ha estado en Los Ángeles más de 60 veces, lamenta que “la imagen de las chicanos entre los japoneses todavía no es buena”.
El estilo, los tatuajes y la moda originadas en las comunidades mexicanas de California y comúnmente asociadas a las pandillas son populares especialmente entre los jóvenes. 
De la misma manera, los encuentros entre conductores de “lowriders” (coches clásicos personalizados con vívidos colores y diseños de estilo chicano) son habituales en grandes urbes como Tokio, Osaka y Nagoya.
“La imagen de los chicanos en Japón todavía tiene que ver con las bandas. Pero si vas al este de LA, no todos son ‘lowriders’ o pertenecen a pandillas, sino que hay más variedad y riqueza”, precisa Miyata.
“Siento que los japoneses que aprecian la cultura chicana se sienten atraídos por el espíritu, la rebelión general de ser chicano”, dice por su parte David Gómez, un artista chicano asiduo al país asiático.
Para Gómez, el interés nipón es “una batalla constante entre la moda y la cultura” surgida del amor de los japoneses “por el arte, la música y las películas chicanas”.
Preocupado por que esta atracción se quede en superficial, Miyata insta a los japoneses a indagar sobre las raíces chicanas: “Sé que sienten fascinación por el estilo. Me pasó a mi también cuando era joven. Pero debemos aprender de dónde proviene esta singularidad”.
“Para entender la cultura chicana es importante conocer la comunidad”, coincide Atsuko Niitsu, graduada en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tokio, que realizó una estancia en el Centro de Investigación de Estudios Chicanos de California para estudiar los murales chicanos.
Niitsu coincide con Miyata y Gómez en que es la “diversidad” y la “libertad” de esta cultura lo que atrae a los nipones.
El desafío de Miyata es que los japoneses conozcan la historia detrás de la cultura que tanto admiran a partir del contacto con “personas reales”. Por eso, parte de su labor consiste en traer los grupos chicanos al país asiático.
“Mucha gente se presenta en los conciertos para disfrutar ese tipo de música”, cuenta orgulloso. En los últimos años ha organizado espectáculos para conjuntos y artistas como Quetzal, ganadores de un Grammy en 2012; Chicano Batman, Kid Frost y El Haru Kuroi. 
Los títulos que salen a la venta desde Barrio Gold Records incluyen una traducción de las letras de las canciones al japonés para la comprensión del público.
Algunos discos se venden muy bien, mientras que otros no superan el centenar de unidades. Sin embargo, a Miyata no le importa que “solo se vendan cincuenta” mientras que haya gente que “los pueda disfrutar”.
“La audiencia se está volviendo más y más grande”, sentencia el experto musical, para quien la atracción de los japoneses hacia las manifestaciones culturales méxico-estadounidenses se ha formado a partir de las semejanzas entre culturas.
“Siento que los chicanos y los japoneses tenemos aspectos en común. Nos gustan las cosas sensibles y expresar lo que sentimos, incluso si no es hablando”, especifica.
Con su labor, Miyata quiere luchar contra el “estereotipo” de la cultura chicana que existe en Japón, concentrado “excesivamente” en la cultura gánster y las modas callejeras.
“Todo lo que puedo hacer es crear más oportunidades para que la gente conozca y toque la cultura chicana” dice con fe en que, a través de la música que él importa, sus compatriotas puedan descubrir la verdadera esencia chicana.

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